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June 23
Siempre me pregunto por estos años de silencios, de voces ocultas tras el confort y la sofisticación, de ojos que se cubren con el destello de nuevos objetos, nublando la conciencia de un mundo de realidades, drama de la vida, a un dígito de mi mente encubridora.
Que has de pensar en tu diario prematuro, cuando vives agónico mendigando la sustancia imaginaria, cuando tu vientre ya no distingue los nutrientes, o en tu cráneo se deforman las ideas, como los deseos, cuando en tus labios ya no surgen los gemidos,
ni el anhelo del mañana.
Se siembra día con día una esperanza en el
corazón de los afligidos, una mañana se ejerce nuevamente el derecho por la vida, y al día siguiente se exige piedad por una muerte digna; la cosecha siempre es insuficiente, la caridad una utopía, los latidos del otro mundo son, de un silencio de moribundos.
E. Rivadeneyra June 05

Para decirte lo que siento, debo declarar que soy un extraño en el saber de mis adentros; hoy no me fío de quien fuera otrora, ni de quien soñé ser; hoy mis ánimos se fundieron con el sentimiento de mil voces, mis latidos fueron vertidos en el crisol de los pensamientos, y mis afectos espirituales danzan al ritmo ecuménico de santos ingenuos y de filósofos ciegos.
Para decirte lo que siento, tendría que desprenderme de todos mis abrazos, de los besos que me llevaron a descubrir un mundo paralelo, a reinventarme un futuro de tiempos buenos, un paraje amoroso de vocablos tiernos y a un horizonte plagado de tu aroma como del calor de tu cuerpo.
Para decirte lo que siento, aprendería a revestirme de tu mente, a descifrar el secreto por la forma en que me miras, e interpretar la poesía de tu silueta cuando caminas; me esforzaría por describir cada instante de tu rostro erotizado y a pintar cada aliento que exhalas llena de ansias, y plena de gracia.
Para decirte lo que siento, reinventaría para ti la magia de los instantes en agonía, aquellos que se pierden en el abrazo, en la locura de los besos dispersos por tu cuerpo, como del calor tembloroso de tu pliegue amoroso, donde se agita susurrante tu esencia contra la mía.
E. Rivadeneyra
May 25

He guardado el sonido de sus risas, sus voces crepusculares de bruma nueva, he separado cada uno de sus gestos como se separan una nube de la otra, con el vértice surgiendo por cada nudo que se agrieta en la garganta; tomaré cada instante hecho memoria, para guardarlos en el horizonte de los silencios que me oprimen, caminaré ya, sin saberme su fuente, ni la fuerza impulsora de sus mentes, y me iré en paralelo tras sus pasos, con el sigilo de no despertar raras sospechas, ni reproches, ni dolores, dosis de generosos ventarrones no más ajenos a ellos como míos; aprenderé a observarlos de reojo, a mirar sus alegrías y sus tristezas, y labraré en mi costado sus dichas como sus amores secretos encendidos, para algún día mirarlos frente a frente y sin la extraña sensación de sentirme condenado.
E. Rivadeneyra May 21

Hoy no puedo pensar en alguien distinta a ti, hoy, no hay lugar para el mar, ni las estrellas, no es momento para morir de recuerdos, ni hay mejor instante que tu en mi presencia.
Hoy la vida se ha confabulado con los tiempos, hoy, no existe ayer ni mañana, solo el presente entre tus brazos, el beso que se extiende suavemente, la caricia morbosa y nocturna, la ansiedad de perdernos sobre el telar de los amantes indecentes.
Hoy te prometo, que el roce de mis manos tatuarán sobre tu cielo, el enjambre de mis ansias en ternuras; el cortejo de mis labios, doblarán las campanas al tacto de tus sedas, cual agitadas mariposas, y mi brisa susurrante doblegará tu capricho, como haces con mis besos, en el instante de saborearnos entre versos.
Hoy no seré más mío como tuyo, ni tu serás más de nadie como mía, hoy, seremos el algodón a la semilla, la flor a su pístelo envueltos por el canto de chelos y violines, seremos la lluvia en la tarde del sol moribundo, el colapso de un sentimiento que se nutre mutuamente.
E. Rivadeneyra May 11
Que difícil es verte con la sinrazón de lo coherente, insistente te antepones al bien común, para imponerte sobre el templete con seguridad y comodidad.
Tienes en tus tiempos la confianza que te heredó la irreverente costumbre, y arrastras contigo el sueño de quien vela tu esperanza omnipresente silenciosa.
Ésta oligarquía te reviste de señorío, dejando tras de ti un surco de dolor y de incoherencias, cardos que hieren incomprensibles aún después de lustros de penurias.
¿Y si fuera tu virtud un pecado?, o tu camino solo el devenir de la cuña de un pasado, el esfuerzo egocéntrico de un labriego que vive su vida, sin comprender a un mundo de humanidades.
E. Rivadeneyra April 30

Si te dijera que pasando por la vida me encontré con un mundo diminuto, una esperanza de múltiples colores, que no distingue la luz en las pupilas, la pasión de un tumulto que se niega a vivir sin alegría, o el silencio de un corazón que se muere anhelando su partida.
Si pudiera explicarte que a veces nada es lo más bello y todo lo superfluo, que una lágrima vale más que un beso, o que la estrella más lejana es solo luz en contraste con un mundo de posibilidades, y que solo una de tus manos puede ser el germen a un grito de necesidades.
Si te dijera que la vida ya no es vida, que tus sueños ya no existen, y que los tesoros del mundo se secaron, ante la omnipresencia de un esfuerzo de irrealidades, que la pasión no comulga más con la compasión, y que la voz que solía ser amor, se ahogó en un mar de sensaciones.
Si pudiera colorearte un mundo sin fronteras, y decirte que en el confín de los opuestos, laten aún sentimientos inconclusos, primigenios valores con sustento, corazas que se abren ante el verbo de la paz, mareas tibias en aguas cristalinas de fe, latente instante en la inmediatez de un lugar ajeno de mezquindad.
E. Rivadeneyra
April 24
Estoy cansado de caminar sobre mis huellas de espuma, sé bien que en mi principio, la sal de la vida era más dulce, la playa más eterna y melancólica, insinuantemente sigilosa.
Caminar entre los sueños de la playa de mi vida, fué como sumergirme en la dejadez de los tiempos rotundos y tortuosos, y sin embargo, la brisa me revestía en la esperanza de una luz de mareas.
Voy a calzarme un destino diferente, y mirarme desnudo en un mundo reflexivo, alcanzar la estrella más pequeña, en el confín de este caos que vislumbra mi presente celeste, bóveda disléxica que me abraza sobre pliegues de sonetos refulgentes.
Construiré sobre la piedra filosofal de mi adultes, los secretos de niño que inconsciente deseché, el mundo de vocablos que me permitan crecer, seré un secreto escondido, enclaustrado en el confín de un gemido, un canto dormido, el delirio de un amor reprimido, inquietud vacilante al morir, como su
renacer espiritual, de hombre a niño.
E. Rivadeneyra
April 11
Sueles ser un pensamiento,
boca en silencio,
letras y palabras con sentido;
paz aletargada en el bullicio.
Imperceptible te llevo intuitivo,
no te conozco suficiente y
sin embargo, te asumo como sol,
sobre mi piel matutina,
como luz, penetrando mis pupilas.
Eres congruencia en armonía,
que encuentra su rincón
en el confín de mi centro,
a mi manera te vuelves nueva,
diferente, quizás más dulce,
más tranquila.
Te llevo como el viento,
como se viste la confianza en libertad,
como corazón de albedrío,
siguiendo tu horizonte sin
olvidar mi regazo, ni mi centro.
A pinceladas de recuerdos,
me encuentro tatuando de sueños,
de sabernos mutuos en un
cariño sin prejuicios,
abrazo revestido en pensamiento,
como vuelo de palomas.
E. Rivadeneyra April 10
Te observo de lejos, recreando callado aquél amor, aquél que ansiosos nos juramos y en un instante, recuerdo, nos envolvió la pasión.
¿Qué pasó?... me pregunto, el tiempo se fue metiendo y el amor, diluyéndose... nos aletargó, indiferentes nos fuimos envolviendo, volando entre mundos de ensoñación.
Siempre me pregunto en que momento perdimos la adoración, ahora te veo y me siento extranjero, me siento solo, estamos solos, entre silencios de incomprensión.
Pero un día nos veremos de frente, con rostros sin conmiseración, tocarás mis huesos y rozaré tus manos, y sentiremos entonces el verdadero adiós, te miras los tiempos, me cubro al vernos, y pasados los años, me llamas amor.
E. Rivadeneyra April 02

Te deslizas lentamente, penetrando aletargada mi piel y mi alma; bajo mi humus, se expande tu esencia moribunda, me nutre tu silencio prematuro, me devoras pausada y gimiente, nos envolvemos taciturnos, vaporizados, somos simiente extraviada en el confín del intelecto, donde yacen los corazones incompletos, los besos recogidos, retraídos.
Y te asumo mía, nuevamente mía, en nombre de los días perpetuos, en nombre de las noches calladas, que se expanden como flores y rocío, en el cielo de los mundos amorosos de las constelaciones silenciosas, hasta encontrarte nuevamente nutrida de caricias, mis caricias, como éstas que me envuelven de tu esencia, en el milagro gentil, de la espesura de tu abrazo.
Pero la lluvia es lluvia, y al caer sobre nosotros, nos despoja de otro instante inmerecido, nos sacude, nos aturde, desmenuza el intento inviolable de un tiempo ya perdido; y tu voz entrecortada, y mi mirada acariciante, se dilatan extendiendo el silencio de estos corazones comprimidos.
Basten entonces nutrirnos, de estos silencios compartidos, de estos vocablos asidos en la penumbra del día, o en la espesura de la noche; que partidos, murmuren los suspiros, el deseo perenne de un recuerdo que aún vive en su mente, o quizá, en sus labios aún lata el sabor de mis besos, o el abrazo, del último encuentro.
E. Rivadeneyra March 27
Creí cierta vez, en la tibieza de tu piel, en el feudo matutino de tus labios sobre mi piel extendida, en esa luz traslúcida enamorada de la vida, en la silueta de tu torso relajado ante la luna, en la mañana disuelta por la cama, con el vestigio de tus besos repartidos y el aroma de mi cuerpo aún amante, aún dormido en la redondez de tu abrazo.
Creí cierta vez, que tus ojos se mecían al contacto de mis labios, que tu aroma ya no era tan tuyo como mío, que la escala de mis gemidos, se medían con la bruma ruborizada de tu piel enardecida, y que la casta de éste amor, era el simiente de una estirpe siempre tuya,
que el hilo que nos atara, fuera como ésa luz que se cuela por las sábanas de tul y esas tardes extendidas del aroma de tu rosa, al contacto con mi boca.
Creí cierta vez, ciertamente lo creí.
E. Rivadeneyra
March 15
Tengo tanto miedo, miedo de mi y miedo de ti, del tiempo que vivimos, y de los sueños muertos que deambulan en las noches de plenilunio, miedo de ésta hambre por quererte tanto, y de ésta impotencia por no retenerte.
También, temo por ti, de tu soberbia y valentía fingida, temo por el reproche que te viste cada noche, y el dolor que sembraste en tu alma con la indiferencia más perfecta, como el sonido lánguido de un violín moribundo, scherzo venenoso y melancólico, tonada eco distante que nos une y nos abraza.
Quisiera temer contigo tomados de la mano, encontrar en tu silencio el camino, en la lluvia, temer en tu mirada las ansias infinitas, encontrar en tu faz el valor de temerme amoroso, reencontrarme completo en la complejidad de tu presencia, y nacer en tu miedo al temor de enamorarnos.
E. Rivadeneyra
En el umbral de las estaciones, el tiempo se detiene como se detiene la luz en tu semblante; la lluvia se vierte en cantaros diminutos que exhalan su aroma al contacto con la almohada; apenas se asoma y se vuelve ingenua, abraza su sueño desprendiendo sospechas, amaneces entera y emerges primavera.
E. Rivadeneyra February 27
Te detienes por que quieres, por que no hay viento posible que frene tu camino, como no hay camino posible que te conduzca a la felicidad; escuchas el silencio como un credo que taladra tu conciencia tras la tempestad de los recuerdos. No renuncio al solar de mis sueños de niño, ni renuncio al abrazo prometido, no renuncio al latir de mi pecho, ni al tesoro que oculta mi inconciente.
Quiero morir con un beso grabado en mis labios que ya no sean míos, escuchar por las noches el silencio brumoso de un día sin sustento; quiero contagiarme de esa pobreza de encuentros, de ésta borágine de sueños melancólicos que me lleven a tu faz infinita, de la remembranza que nunca murió en el encuentro, de aquella ternura que nuble mi mente, en la justa que envuelva mi memoria con algún beso tuyo, y que me lleve entonces a vivir en paz o a morir con dignidad.
E. Rivadeneyra
He de rescatarme del bullicio del viento que has creado, dejar de lado tu calor de arrullo, la brisa de tu aroma esquiva que
tus manos temerarias olvidaron, de la espuma de mar que
nos unieron en el horizonte, de la línea finita de un encuentro insospechado, del umbral de la pasión donde emergieron tus vergüenzas y mis temores.
E. Rivadeneyra January 14
En éste presente donde los tiempos son adversos, te revisto con el augurio de grandes tiempos; no soy espejo que se siña a un recuerdo. Soy el Alfa y el Omega de un tiempo sin lugar, una justa medioeval entre tu Ying y mi Yang, un amor vertido en tus venas de recien nacido; amoroso huerto en ésta hambruna de te quieros , entre las sombras de un corazón palpitante y la claridad de un ángel que sonríe con propia luz.
Hoy me convenzo, que eres el anhelo de una estirpe en el mar de esperanzas, complemento de la esencia que nos une en la paternidad y la amistad, códices y estelas floreciendo en el confín de un mundo donde late subconciente mi amor, la ilusión de una vida sin el temor de perder el verdadero amor.
E. Rivadeneyra
Pienso en la escuadra del camino,
en el ángulo donde se vifurcan nuestras vidas,
donde dejé que encajaran otros sueños,
mortandad y sepelio inconsciente de mi amor por tí.
Pienso en tus manos, tan nuevas ahora,
tan ajenas a aquellas que buscaban mi amor,
tan lejanas a aquellas que sembraron mi calor,
tan presentes ahora en la añoranza de tu voz.
Pienso y sueño, con el verdugo que juega al destino,
que se divierte en su estudio de las parcas
y mide meticuloso el ambiente de nuestros tiempos,
el mundo de caminos que nos alejan más y más.
Pienso y encuentro, un rostro imaginario,
el eco de tu voz justiciera en el silencio de los cielos,
cielos perseguidos acuñados por los hilos,
hilos sujetos al mar de tu par invisible y presente.
Pienso, si, en tu faz escondida y en mi huerto de cariños,
en el temporal que golpea insistente ésta tregua de esperanzas,
y comulgo con tu cielo y su mar en el horizonte del encuentro,
con éste pensamiento que se ha vuelto mi sueño predilecto.
E. Rivadeneyra
January 05
No fueron esos momentos los mas queridos, ni tus ojos que deslumbraron mi camino; no fueron tus pasos sigilosos los que colmaron de ternuras mis pensamientos, no fueron tus sonrisas el deleite de una copa aún no servida, como no fueron tus encantos de mujer, la magenta de tu estirpe encantadora, gala de aire que me envuelve.
No amor, es mi mente, ésta intuyente necesidad de conocerte, de saberte con certeza envuelta en el pétalo preciso de mujer entera; de recordarte a las diez y a las doce en que vienes a mi como la púrpura melodía de alguna tonada versada en la sonata de mi corazón. Es tu canto que se apaga con el ocaso y se agita silenciosa al amanecer; es tu rostro ambiguo como ambivalente, extracto del aroma con que te vistes de amor para desnudarte amorosa, amante en el silencio de los ramilletes dulces, votos a la presencia de la fidelidad.
E. Rivadeneyra December 27
Y el tiempo se hizo silencio,
el silencio espacio,
y el espacio pensamiento.
La noche es el alma que
renueva el color de los sueños,
la esperanza de un cielo sin por qués,
un estallido de promesas que se expanden
en el corazón finito de una estrella.
E. Rivadeneyra
September 26
Cuando te vi, cuando nos vimos, mis ojos se turbaron de azul e incomprensión; tu encanto me envolvió con la sorpresa de recuerdos, de tiempos sin sustento que viven solo en sueños; vidas en el confín de un instante que no comprendo. Viviré tranquilo éste mundo de recuerdos en el rincón de la memoria, constelación de sentimientos que se ajustan en un abrazo fraternal. Llamaré aquella nebulosa con tu nombre, y observaré todos los días la magia de tu rostro y a la luz a tu verdad; volveré cada mañana al recuerdo de tus ojos, al sabor de tu voz emancipada y al calor de tus manos. Amaré esa sonrisa que retumba en el latido de un ruiseñor, latido que te recuerda como un canto, cuyo código solo podrá descifrar mi corazón.
E. Rivadeneyra September 25
Y al caer no solo me vine abajo con todo mi ser,
también... también,
me caí de los sueños que me creí,
me caí con la sorpresa inundada en la mirada,
y me envolvi en circulo fetal de mi propio amor,
donde nada me quedaba, nada más que mi abrazo,
el abrazo de los que nada esperan,
mi compasión.
E. Rivadeneyra September 13
Rumorosa te gestaste en mi interior,
brisa perfumada de pétalo holandés,
fuertes vientos es tu esencia,
sentimiento removido de sombra y luz,
vocablo silencioso de entereza y verdad.
Sobre tu mente se dispersan besos sueltos,
hojas secas de esperanzas y
miradas de ternuras adheridas a tu piel,
instante de cordura en el pliego palpitante
de los sueños que forjaste y recuerdas con amor.
Rumorosa te vestiste, llena amanecer,
te desplazas amorosa cada atardecer,
eres tan entera, cobijo anochecer,
eres tierna, eres trueno, eternamente
verso de mujer.
E. Rivadeneyra September 08
Me pregunto si será posible el reencuentro contigo, ¿cómo he de mirarte si te encuentro?, ¿cómo reconocerte?, si mis ojos se vistieron del bordado con hilos oxidados que no me dejan ver.
Si nacieras una mañana de éstas y de pronto aparecieras frente a mí, ¿cómo encontrarme contigo, o encederme con el roce de tu piel?. No amor, reconozco que prefiero esperar que me sorprendas, que te tomes el tiempo aún no prometido, que me sanes entre tientos de querer, y entonces alborotes mis ansias esparcidas, y se pierdan en el tiempo mis penas mal olientes y podridas.
Acaso amor, ¿podrías madrugar un día de estos? y contarme de los sueños y de espacios a tu lado, construidos poco a poco, beso a beso. Ya no tiento mi destino, ya no canto ni suspiro por ti, solo escucho tus pasos ir y venir, como estruendo o remanso de tus ríos; unos lloran, otros ríen y algunos más se sumergen en tu calido abrazo; si, lo recuerdo... más, siempre un suspiro me recuerda que no haz de volver.
E. Rivadeneyra
Ya nunca más me vistió tu amor,
nunca volvió el abrazo ni el roce de tu mano,
ni las tardes musicales con sus voces de color,
ya no me siento verdugo ni me siento cordero,
ni la lluvia me acongoja cuando pienso en ti.
Si en la tarde tu memoria se cruza en mi camino,
ten por seguro que mi rostro en el recuerdo se
nubla por completo ante el trueno del ayer,
y se viste de tiernos ropajes con la aurora del
presente, ensordecido amante que te olvida con fervor.
E. Rivadeneyra August 18
¿Tocaste a mi puerta, o solo te oí venir?, tal vez escribí tu nombre sin saber que decir, letras con manchones, el mural a tu silueta, el mirar de tu verano, o la turquesa de tu amor. El verbo de tu nombre encarnó en flores azucenas, es la sed de tu presencia que comulga entre mis versos, y en tus ojos de añoranzas una canción, un tiempo, una almohada para naufragar.
E. Rivadeneyra
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